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Los cánceres se pueden clasificar ampliamente en dos categorías principales: tumores sólidos (cánceres oncológicos), que se originan en los órganos, y cánceres hematológicos, que surgen de las células de la médula ósea y la sangre.
Para los tumores sólidos, si bien las anomalías en los recuentos sanguíneos u otras pruebas de laboratorio pueden generar sospecha de cáncer, el indicador diagnóstico principal es típicamente la detección de una masa o lesión en el cuerpo.
Por el contrario, ciertas neoplasias hematológicas, como la leucemia mieloide aguda (LMA), a menudo presentan hallazgos sospechosos en un recuento sanguíneo completo (CBC). Desviaciones significativas como recuentos anormalmente bajos o altos de glóbulos blancos (WBC), acompañadas de niveles reducidos de hemoglobina y plaquetas, son fuertes indicadores de LMA.
Cuando estas anomalías en los análisis de sangre se combinan con síntomas clínicos como debilidad persistente, fatiga, sangrado de encías, facilidad para la aparición de hematomas, fiebre o dolores óseos, la LMA se convierte en una consideración diagnóstica primaria.
¿En qué sangre se detecta el cáncer?
Para los tumores sólidos, si bien las anomalías en los recuentos sanguíneos u otras pruebas de laboratorio pueden generar sospecha de cáncer, el indicador diagnóstico principal es típicamente la detección de una masa o lesión en el cuerpo.
Por el contrario, ciertas neoplasias hematológicas, como la leucemia mieloide aguda (LMA), a menudo presentan hallazgos sospechosos en un recuento sanguíneo completo (CBC). Desviaciones significativas como recuentos anormalmente bajos o altos de glóbulos blancos (WBC), acompañadas de niveles reducidos de hemoglobina y plaquetas, son fuertes indicadores de LMA.
Cuando estas anomalías en los análisis de sangre se combinan con síntomas clínicos como debilidad persistente, fatiga, sangrado de encías, facilidad para la aparición de hematomas, fiebre o dolores óseos, la LMA se convierte en una consideración diagnóstica primaria.