No existe un tratamiento conocido que prevenga completamente la progresión de la Progeria. Los enfoques de tratamiento actuales se centran en aliviar los síntomas de la enfermedad, manejar las complicaciones y mejorar la calidad de vida. El uso regular de los medicamentos recetados por el médico desempeña un papel importante en la reducción del riesgo de ataque cardíaco, accidente cerebrovascular y otras complicaciones graves.
Como parte integral del tratamiento, el monitoreo continuo de la salud cardíaca, los exámenes regulares de la vista y dentales, las pruebas de audición, el seguimiento de los problemas de la piel y el control de la salud ósea son de vital importancia. Estas medidas ayudan a los pacientes a mantener el mejor confort posible a lo largo de sus vidas y a manejar los posibles problemas de salud de manera temprana.
Además, algunos medicamentos tienen como objetivo prolongar la esperanza de vida promedio de los niños con Progeria. Una dieta equilibrada, fisioterapia y otros enfoques terapéuticos también se aplican para apoyar un desarrollo y procesos vitales saludables. Estos tratamientos ayudan a mejorar las habilidades motoras, a apoyar la participación en las actividades diarias y a mejorar la calidad de vida en general. Prestar atención a una ingesta adecuada de líquidos también es crucial para prevenir el riesgo de deshidratación.