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La selección del tratamiento para la diverticulitis depende de numerosos factores, incluyendo el estado de salud general del paciente, la edad, el historial médico, las condiciones médicas coexistentes, la gravedad y extensión de la enfermedad, las posibles complicaciones, la tolerancia a los tratamientos médicos y las preferencias personales del paciente. En casos con síntomas leves, el tratamiento en casa puede ser suficiente y generalmente implica terapia antibiótica oral; sin embargo, en situaciones muy leves, los antibióticos pueden no ser necesarios. Se recomienda una dieta líquida durante unos días para apoyar el reposo y la curación intestinal. A medida que los síntomas disminuyen, los alimentos sólidos pueden reintroducirse gradualmente y progresivamente en la dieta. A largo plazo, se enfatiza la importancia de una dieta rica en fibra. Para pacientes con síntomas graves o condiciones médicas adicionales, puede ser necesario el tratamiento hospitalario. En tales casos, se proporciona nutrición intravenosa (IV) y terapia antibiótica, junto con una estrecha monitorización. La intervención quirúrgica puede considerarse en función de la condición clínica del paciente si se desarrollan complicaciones como un absceso, fístula, obstrucción o perforación de la pared intestinal, o en casos de ataques recurrentes de diverticulitis.