La durabilidad de los métodos de rejuvenecimiento facial no quirúrgicos depende en gran medida del estilo de vida del paciente y de sus hábitos de cuidado de la piel. Para que la piel se mantenga joven y sana, debe ser apoyada por factores ambientales y cuidados regulares, además de los factores genéticos. Los principales elementos a considerar en este proceso son:

1. Hidratación: Un consumo adecuado de agua mantiene el equilibrio hídrico de la piel.
2. Actividad física: El ejercicio regular acelera la circulación sanguínea, aumentando el suministro de oxígeno a las células de la piel y promoviendo una apariencia más vibrante.
3. Nutrición equilibrada: Para proporcionar a la piel las vitaminas, minerales y nutrientes esenciales necesarios, se debe adoptar una dieta variada y saludable, rica en verduras de hoja verde, evitando el azúcar, los alimentos fritos y procesados.
4. Cuidado de la piel: La eliminación diaria del maquillaje y las prácticas de cuidado de la piel consistentes y apropiadas apoyan la limpieza y la salud de la piel.
5. Evitar hábitos nocivos: El tabaquismo y el consumo de alcohol aceleran el envejecimiento de la piel; estos deben evitarse.
6. Sueño suficiente: Un sueño de calidad y adecuado es fundamental para la regeneración y reparación de los tejidos subcutáneos.

Estos hábitos de vida saludables ayudan a prolongar los efectos de las aplicaciones de rejuvenecimiento facial no quirúrgicas, lo que lleva a resultados más duraderos y efectivos.