En el manejo de esta enfermedad, la protección solar es esencial. Se aconseja a los pacientes evitar los efectos nocivos del sol utilizando ropa protectora adecuada, protector solar y gafas de sol. Además, debe asegurarse un descanso adecuado y de calidad, adoptar una dieta equilibrada y nutritiva, realizar regularmente los ejercicios recomendados por el médico y prestar especial atención al manejo del estrés. Dado que se conocen los efectos negativos del estrés en los brotes de la enfermedad, se debe ofrecer apoyo psicológico adecuado a los pacientes que lo requieran.