El eccema es una afección compleja que provoca inflamación de la piel, y que surge de una combinación de factores ambientales y genéticos. Los principales desencadenantes incluyen la exposición a productos químicos irritantes como jabón, detergente y champú, así como alérgenos ambientales como el aire frío y seco, la humedad excesiva, el polvo, el polen y el moho. Factores internos como la predisposición genética, el estrés, la ansiedad y un sistema inmunológico debilitado también juegan un papel importante. Bacterias como Staphylococcus aureus pueden alterar el microbioma natural de la piel, debilitando la función de barrera cutánea y potencialmente acelerando el desarrollo del eccema. Además, elementos como los productos de maquillaje y cuidado de la piel, los perfumes, las alergias alimentarias, ciertos metales y la contaminación del aire también pueden exacerbar o desencadenar los síntomas.