Después de un trasplante de médula ósea (células madre), generalmente se necesitan entre 10 y 15 días para que las células madre trasplantadas comiencen a producir nuevas células sanguíneas. Durante este período, se administran suplementos externos de células sanguíneas, como glóbulos rojos y plaquetas, para apoyar el recuento sanguíneo del paciente. Estas transfusiones serán necesarias hasta que la médula ósea trasplantada comience a producir por sí misma un número suficiente de células sanguíneas sanas. Es de vital importancia que los pacientes asistan a citas de seguimiento regulares y se sometan a análisis de sangre para evaluar la respuesta al trasplante y monitorear posibles complicaciones. Para prevenir problemas graves después del trasplante y asegurar la salud a largo plazo, los pacientes pueden requerir un seguimiento meticuloso durante muchos años.