En un estado febril, es importante mantener la calma y tomar las medidas correctas en lugar de entrar en pánico. El pánico puede llevar a prácticas incorrectas. Cubrir a un niño con fiebre es absolutamente incorrecto; esto puede aumentar el riesgo de que el niño sufra convulsiones. En su lugar, se debe bajar la temperatura del ambiente donde se encuentra el niño. Si la fiebre del niño alcanza los 39°C o si la fiebre se acompaña de síntomas adicionales como tos, vómitos y diarrea, se debe consultar a un profesional de la salud de inmediato.