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El objetivo principal en el tratamiento de la colitis ulcerosa es controlar la inflamación intestinal, aliviar los síntomas y prevenir los brotes de la enfermedad. Con este fin, se utilizan comúnmente medicamentos antiinflamatorios (inmunosupresores) y agentes biológicos. También se pueden añadir antibióticos al tratamiento en situaciones específicas o para infecciones secundarias. Se pueden recetar medicamentos adicionales para controlar síntomas específicos como la diarrea, el sangrado rectal o el dolor abdominal. El enfoque del tratamiento tiene como objetivo tanto abordar las quejas actuales como estabilizar el curso a largo plazo de la enfermedad, reduciendo así la frecuencia y la gravedad de los brotes.