Es comprensible que los padres a veces duden en administrar medicamentos a sus hijos debido a preocupaciones sobre posibles efectos secundarios. Sin embargo, es importante saber que cada convulsión no tratada, lamentablemente, puede crear una predisposición a convulsiones posteriores, lo que podría llevar a un aumento de su frecuencia y duración. Además, las convulsiones son inherentemente impredecibles en cuanto a tiempo y lugar. Esta imprevisibilidad expone al individuo a un riesgo significativo de autolesiones o lesiones en entornos peligrosos, como ahogarse en un baño, piscina o mar, o sufrir caídas en carreteras, escaleras o en la escuela.