El pie plano en bebés y niños se presenta en dos tipos principales: pie plano rígido (fijo) y pie plano flexible.

Pie plano rígido:
Esta condición generalmente se manifiesta al nacer, llevando a una apariencia de "pie en balancín". A menudo es resultado de una desalineación de uno de los huesos del tobillo (astrágalo vertical) y puede estar asociado con otras anomalías esqueléticas. El diagnóstico definitivo se realiza mediante un examen físico.
Aunque en el período neonatal se pueden aplicar tratamientos conservadores como ejercicios de estiramiento y yesos, la intervención quirúrgica es frecuentemente necesaria entre los 6 y 12 meses de edad. Si no se trata, el pie plano rígido puede provocar discapacidades permanentes. Por lo tanto, es crucial iniciar un tratamiento adecuado sin demora una vez identificado. El diagnóstico y tratamiento tempranos aumentan significativamente las posibilidades de resultados exitosos, mientras que en casos avanzados, los tratamientos pueden volverse más complejos.

Pie plano flexible:
Más comúnmente observado en la población general, el pie plano flexible a menudo no requiere intervención médica. Sin embargo, es esencial consultar a un especialista en ortopedia y traumatología para diferenciar entre el pie plano flexible y el rígido.
El pie plano flexible en sí mismo no puede corregirse permanentemente con tratamiento. En casos no graves, puede resolverse espontáneamente a medida que el pie se desarrolla. Aunque tradicionalmente se han recomendado plantillas, zapatos ortopédicos y ejercicios, la investigación científica actual indica que estos métodos no tienen un efecto corrector sobre el pie plano flexible. Sin embargo, las plantillas, los zapatos ortopédicos y los ejercicios pueden utilizarse para aliviar síntomas secundarios como el dolor o la fatiga fácil causados por el pie plano flexible.
La gravedad del pie plano flexible puede variar de persona a persona. En casos graves, se puede observar una protuberancia en la parte interna del pie; esto puede provocar irritación por el calzado o la formación de callos. Para prevenir tales problemas secundarios, las plantillas o los zapatos ortopédicos pueden ser nuevamente beneficiosos. Cuando a los niños se les diagnostica pie plano flexible, a menudo es suficiente un seguimiento regular sin necesidad de ninguna intervención hasta que alcanzan aproximadamente los 7-8 años de edad.
En niños que experimentan síntomas como dolor o fatiga fácil, el pie plano flexible puede ser más grave, y en estas situaciones, se recomienda el uso de plantillas. Aunque el pie plano flexible generalmente no requiere tratamiento quirúrgico, la intervención quirúrgica puede ser necesaria en algunos casos avanzados. Estas cirugías pueden incluir procedimientos de tejidos blandos, así como cirugías óseas como el alargamiento, la remodelación de huesos o, en algunos casos, la fusión de articulaciones en el pie. El objetivo de estos tratamientos es permitir al paciente continuar su vida diaria sin dolor.