La piedra angular del tratamiento de la Enfermedad Inflamatoria Pélvica (EIP) son los antibióticos orales recetados por un médico. Estos antibióticos tienen como objetivo erradicar la infección y facilitar la curación de la enfermedad. Durante el período de tratamiento y hasta la recuperación completa, abstenerse de las relaciones sexuales es de vital importancia tanto para la eficacia del tratamiento como para reducir el riesgo de reinfección. En casos raros, la intervención quirúrgica puede ser necesaria, particularmente en situaciones que impliquen la ruptura de un absceso pélvico o la falta de respuesta a la terapia antibiótica. Sin embargo, en la mayoría de los casos, el tratamiento antibiótico sigue siendo la opción terapéutica inicial y primaria.