La epilepsia, comúnmente conocida como "enfermedad de Sara", es un trastorno neurológico caracterizado por convulsiones recurrentes y no provocadas. Estas convulsiones son el resultado de una actividad eléctrica anormal en las células nerviosas del cerebro, que puede manifestarse como diversos síntomas, incluyendo alteración de la conciencia, movimientos involuntarios o alteraciones sensoriales. El diagnóstico de epilepsia se suele considerar después de que un individuo experimenta dos o más convulsiones no provocadas. Si bien se cree que los factores genéticos desempeñan un papel en la susceptibilidad, la epilepsia no se considera una enfermedad hereditaria transmitida directamente de padres a hijos en la mayoría de los casos. Sin embargo, una predisposición a desarrollar epilepsia puede darse en ciertas familias. El desarrollo de la epilepsia a menudo implica una combinación de vulnerabilidades genéticas y desencadenantes externos o afecciones subyacentes. Aunque la epilepsia suele ser una afección de por vida, sus convulsiones pueden controlarse eficazmente mediante diversos tratamientos, incluidos medicamentos, dispositivos tecnológicos avanzados, intervenciones quirúrgicas cuando sea apropiado y modificaciones dietéticas. El objetivo principal del tratamiento es controlar las convulsiones y mejorar la calidad de vida del paciente.