Tras el procedimiento de recolección, el donante suele permanecer en observación durante 24 horas antes de ser dado de alta. La médula ósea recolectada se procesa luego a través de filtros especializados para eliminar cualquier grasa o pequeños fragmentos de hueso mezclados. Si no está destinada a uso inmediato, se crioconserva en soluciones especializadas. Cuando se requiere, se descongela y se administra al paciente de manera similar a una transfusión de sangre. Una vez infundidas, estas células madre hematopoyéticas migran a la médula ósea del receptor, donde suelen comenzar a producir nuevas células sanguíneas en un plazo de 2 a 4 semanas.