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La espasticidad impacta significativamente la vida diaria de los pacientes, llevando a limitaciones funcionales y psicosociales. Estas limitaciones pueden resultar en desafíos psicológicos como la depresión y la ansiedad. Las deformidades físicas derivadas de la espasticidad pueden tener implicaciones sociales negativas para los individuos. Las contracciones musculares restringen las actividades diarias, a menudo requiriendo asistencia incluso para tareas básicas de cuidado personal. Esta dependencia no solo afecta al paciente, sino que también impone una carga considerable a sus cuidadores, limitando también sus vidas. Específicamente, la espasticidad en los músculos del pie y los dedos del pie dificulta la deambulación y el equilibrio, aumentando el riesgo de caídas, causando callos y haciendo que el uso de calzado sea incómodo. Además, la espasticidad que afecta los músculos del hombro, codo y muñeca puede hacer que los pacientes sean completamente dependientes de otros para actividades diarias esenciales, incluyendo la higiene personal y los traslados.