La taquicardia se caracteriza por una frecuencia cardíaca que supera los 100 latidos por minuto. Esta frecuencia elevada puede ser una respuesta fisiológica normal, como durante el ejercicio extenuante, o puede indicar una condición patológica subyacente. Cuando el corazón late excesivamente rápido, es posible que no tenga tiempo suficiente para llenarse completamente de sangre entre las contracciones. Si el corazón no puede bombear eficazmente suficiente sangre y oxígeno a las células del cuerpo, puede surgir una situación potencialmente peligrosa. La taquicardia puede originarse en las cámaras superiores (auriculares) o inferiores (ventriculares) del corazón, con episodios que duran desde unos pocos segundos hasta varias horas. Su impacto puede variar desde una molestia leve y transitoria hasta una emergencia crítica que ponga en peligro la vida. Frecuentemente, la taquicardia se desencadena por factores no cardíacos como el estrés, la ansiedad, el pánico o la excitación aguda. Sin embargo, también puede manifestarse como un síntoma de enfermedades cardíacas subyacentes, incluyendo insuficiencia cardíaca, enfermedad valvular cardíaca y enfermedad de las arterias coronarias. Un diagnóstico oportuno y una intervención médica adecuada son esenciales para prevenir complicaciones potencialmente graves, incluso fatales, asociadas con la taquicardia.