La tularemia, también conocida como fiebre del conejo, es una enfermedad zoonótica rara pero potencialmente grave causada por la bacteria Francisella tularensis, pequeña, en forma de bastón e inmóvil. Se manifiesta típicamente con una hinchazón dolorosa de los ganglios linfáticos y puede afectar varios órganos como los pulmones, la piel, los ojos, la garganta y el tracto gastrointestinal, dependiendo del sitio de la infección.

Los humanos pueden contraer tularemia a través de diversos medios, incluido el contacto con animales infectados (como conejos y roedores), picaduras de vectores como moscas de los ciervos y garrapatas, o la exposición a alimentos y agua contaminados. Las personas con ocupaciones, estilos de vida o pasatiempos que implican un contacto cercano con animales potencialmente infectados tienen un mayor riesgo. Los individuos inmunocomprometidos también son más susceptibles. En casos graves, la tularemia puede provocar la inflamación de cualquier órgano, incluyendo el cerebro y el corazón.

Los signos y síntomas clínicos comunes de la tularemia incluyen fiebre, ganglios linfáticos inflamados, dolor de garganta, lesiones cutáneas o úlceras, ojos llorosos y dificultad para respirar. La manifestación específica y la gravedad de estos síntomas pueden variar según el sitio de la infección.

Independientemente de la forma o el lugar de la infección, las personas diagnosticadas con tularemia requieren un tratamiento antibiótico rápido.