La protección más eficaz contra el sarampión es la vacunación. Aunque no existe una cura específica para el sarampión, se aplican diversos enfoques de apoyo para manejar los síntomas y prevenir complicaciones.

Los tratamientos de apoyo que se pueden aplicar incluyen:
* Ingesta de líquidos: Beber muchos líquidos es importante para prevenir la deshidratación y apoyar la recuperación general.
* Manejo de la fiebre: En caso de fiebre alta, se pueden usar medicamentos antipiréticos recomendados por un médico.
* Confort de las vías respiratorias: Para aliviar la tos y el dolor de garganta, los humidificadores o la inhalación de vapor pueden ser beneficiosos.
* Protección ocular: En casos de sensibilidad a la luz (fotofobia), evitar la luz brillante y usar gafas de sol puede proporcionar comodidad.
* Suplementación con vitamina A: Especialmente en regiones con deficiencia de vitamina A, la suplementación con vitamina A, bajo supervisión médica, puede ayudar a reducir la gravedad de los síntomas.

Profilaxis post-exposición:
* Las personas no vacunadas pueden recibir la vacuna contra el sarampión dentro de las 72 horas posteriores a la exposición al virus.
* Para grupos vulnerables como mujeres embarazadas, bebés e individuos con sistemas inmunitarios debilitados, se puede administrar una inyección de inmunoglobulina dentro de los seis días posteriores a la exposición. Estos anticuerpos pueden prevenir el desarrollo de la enfermedad o reducir la gravedad de los síntomas.

Advertencias importantes:
* La aspirina no debe usarse bajo ninguna circunstancia durante el tratamiento del sarampión, ya que puede conducir a complicaciones graves como el síndrome de Reye.
* Si se desarrollan complicaciones bacterianas como neumonía o infección de oído junto con el sarampión, se pueden usar los antibióticos apropiados recetados por un médico.