La aplicación de radioterapia externa no convierte a los pacientes en radioactivos. Por lo tanto, no es necesario evitar el contacto con las personas que reciben este tratamiento. No existe riesgo de afectar negativamente a otras personas, incluso en situaciones de contacto físico como abrazos o besos.

Los efectos secundarios de la radioterapia suelen ser específicos de la zona tratada. Su médico y enfermera le proporcionarán información detallada sobre cómo manejar estos efectos secundarios. Es importante que informe inmediatamente a su médico o enfermera si experimenta cualquier síntoma durante el tratamiento, como tos, fiebre, sudoración o dolor inusual. La mayoría de los efectos secundarios suelen desaparecer en pocas semanas después de finalizar el tratamiento y pueden controlarse con medicamentos o cambios en la dieta. Los efectos secundarios que puedan persistir por un período más largo también pueden manejarse eficazmente con tratamientos médicos adecuados.