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Cuando la temperatura corporal supera los 39-40°C, el cuerpo comienza a gastar energía en exceso, y los sistemas cardiovascular y respiratorio trabajan más rápido. En este estado, el cuerpo contrae los vasos sanguíneos de los brazos y las piernas, enviando menos sangre a estas áreas, mientras prioriza el flujo sanguíneo a órganos vitales como el cerebro, el corazón y el hígado. Esto puede provocar una apariencia moteada o marmórea de la piel, con frialdad en las extremidades a pesar de una temperatura corporal central alta. Si bien no toda fiebre requiere pánico, es importante prestar especial atención a las fiebres que superan los 40°C.