El tratamiento de la epilepsia se basa principalmente en medicamentos y, en casos específicos, en métodos quirúrgicos. El factor más crítico para el éxito del tratamiento es el uso regular y cuidadosamente supervisado de los medicamentos seleccionados para controlar las convulsiones. Se observa que aproximadamente el 80% de los pacientes que usan sus medicamentos de manera consistente y cuidadosa logran controlar las convulsiones.

Dado que los medicamentos antiepilépticos tienen diferentes mecanismos de acción, el fármaco más adecuado se elige meticulosamente según el tipo de convulsión del paciente. Los medicamentos utilizados en dosis adecuadas no eliminan completamente la enfermedad; sin embargo, proporcionan un efecto significativo en la prevención o reducción sustancial de la frecuencia de las convulsiones epilépticas.

La duración del tratamiento varía según el paciente. Mientras que algunos pacientes pueden requerir medicación de por vida, en ciertos tipos de convulsiones que comienzan en la infancia, el tratamiento podría continuarse hasta los 15-20 años y luego suspenderse bajo supervisión médica.

El tratamiento generalmente comienza con un solo medicamento antiepiléptico, con la dosis aumentada gradualmente. Si el medicamento actual resulta insuficiente, se puede agregar un segundo fármaco al régimen o se puede cambiar el medicamento. Además, se realizan análisis de sangre periódicamente para monitorear los posibles efectos secundarios de los medicamentos. Los efectos secundarios comunes de los medicamentos para la epilepsia incluyen somnolencia, mareos y trastornos del equilibrio.

A excepción de algunos tipos específicos, la epilepsia es generalmente una afección crónica y, por lo tanto, el seguimiento regular y la estrecha supervisión por parte de un neurólogo son de vital importancia.