Los síntomas de una fractura por estrés a menudo se asemejan a los de una fractura aguda, pero presentan algunas características distintivas en su manifestación. Los pacientes suelen informar dolor localizado que se intensifica con la palpación en el área afectada. También se pueden observar hinchazón localizada, enrojecimiento y aumento de la temperatura. El movimiento en la región sospechosa podría estar restringido, lo que ayuda a diferenciarla de otras afecciones. Una pista diagnóstica clave es el historial del paciente, que casi siempre incluye un período reciente de actividad física aumentada o intensa durante los meses previos. El dolor en sí a menudo se desarrolla gradualmente, inicialmente leve e intermitente, pero tiende a empeorar y volverse más persistente con el paso de las semanas. Lo que distingue una fractura por estrés de una fractura aguda es el inicio insidioso y la naturaleza a menudo fluctuante del dolor. Los pacientes pueden adaptarse al dolor a medida que este se intensifica gradualmente, lo que lleva a una presentación tardía para la atención médica. En consecuencia, muchos pacientes con fracturas por estrés visitan al médico principalmente debido a la hinchazón persistente o la dificultad para soportar peso, en lugar del dolor inmediato y severo a menudo asociado con una fractura aguda y repentina.