La obstrucción súbita de una de las arterias pulmonares afecta negativamente el flujo sanguíneo y la oxigenación en el área afectada. Esto puede provocar síntomas como disnea de aparición súbita, palpitaciones, tos y, a veces, hemoptisis (esputo sanguinolento).

La obstrucción de una de las arterias pulmonares principales puede causar síntomas más graves, como dolor torácico intenso (una sensación de presión) y síncope (desmayo). Los coágulos que se forman en los vasos cercanos a la pared torácica pueden provocar un dolor de tipo pleurítico (punzante, como una puñalada) que aumenta con la respiración profunda. Cuando se presentan estos síntomas, la embolia pulmonar debe considerarse imperativamente.

La obstrucción simultánea de ambas arterias pulmonares puede resultar en un paro cardíaco súbito y la muerte. Esta condición es importante en el diagnóstico diferencial, ya que puede presentar síntomas similares a los del infarto agudo de miocardio (ataque al corazón).