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Mantener la presión arterial (tensión) estable dentro de un rango específico es de vital importancia para el funcionamiento saludable de las funciones corporales. Especialmente el cerebro, siendo el órgano más crítico del cuerpo, necesita un suministro de sangre continuo y adecuado para recibir suficiente oxígeno y nutrientes. Caídas significativas y prolongadas de la presión arterial (hipotensión) pueden provocar daños orgánicos graves como accidentes cerebrovasculares, insuficiencia renal o necrosis hepática. Por lo tanto, la presión arterial baja debe ser monitoreada cuidadosamente y abordada cuando sea necesario.