El diagnóstico del sarampión se establece típicamente mediante un examen clínico realizado por un médico. La erupción cutánea característica de la enfermedad y las manchas de Koplik que aparecen dentro de la boca son hallazgos distintivos para el diagnóstico. También se pueden solicitar análisis de sangre de laboratorio para descartar la posibilidad de que los síntomas se confundan con otras enfermedades o para confirmar el diagnóstico.