En casos de convulsiones (o 'convulsiones frías'), se formula un plan de tratamiento principalmente basado en los hallazgos de los exámenes y pruebas diagnósticas para abordar la causa subyacente. Se investiga la presencia de posibles anomalías cerebrales como tumores, quistes, oclusiones vasculares o hemorragias. Si no se identifica una causa específica, se inicia un tratamiento farmacológico típicamente utilizado en el tratamiento de la epilepsia, guiado por el tipo de convulsión, los hallazgos del EEG y el juicio clínico del médico. Los medicamentos generalmente se inician a una dosis baja y se aumentan gradualmente hasta alcanzar una dosis efectiva, mientras se monitorean los posibles efectos secundarios. Durante el proceso de tratamiento, los pacientes son seguidos con exámenes regulares y análisis de sangre para manejar cualquier efecto adverso. El tratamiento farmacológico debe mantenerse durante al menos dos años sin recurrencia de convulsiones. Al final de este período, basándose en las recomendaciones del médico y los exámenes de seguimiento, se planifica una reducción gradual y la interrupción de la medicación.