El diagnóstico de una fractura por estrés se basa en gran medida en la sospecha clínica y el historial del paciente. Aunque una fractura completa podría ser visible eventualmente en las radiografías del área dolorida, las fracturas por estrés en etapa temprana a menudo son difíciles de detectar con la radiografía convencional, ya que las microfracturas aún no pueden ser aparentes. Un historial clínico detallado que revele una tensión excesiva o repetitiva, particularmente sin una caída o trauma distinto, debería sugerir fuertemente una fractura por estrés. Muchos pacientes en las fases iniciales de una fractura por estrés son diagnosticados erróneamente con afecciones más simples como distensiones musculares o tendinitis, lo que lleva a tratamientos retrasados o inapropiados. Por lo tanto, las personas que experimentan un dolor localizado que empeora gradualmente después de participar en actividades que implican estrés repetitivo o ejercicio excesivo, especialmente cuando las radiografías iniciales son negativas, deben buscar consulta con un especialista en ortopedia. Si el examen del cirujano ortopédico, el historial del paciente y la progresión del dolor son consistentes con una fractura por estrés, incluso con hallazgos radiográficos normales, se suele planificar una resonancia magnética (RM) dirigida. Es crucial comprender que las fracturas por estrés en etapa temprana a menudo solo pueden diagnosticarse definitivamente mediante RM.