Se realizan diversas pruebas bioquímicas para evaluar las funciones hepáticas. Además, se emplean métodos de imagen como la ecografía, la tomografía computarizada (TC) y la resonancia magnética (RM) para examinar detalladamente la condición estructural del hígado. En ciertas situaciones específicas, puede ser necesaria una biopsia hepática para llegar a un diagnóstico definitivo.