El diagnóstico de la hemorragia pulmonar comienza con la historia clínica del paciente y sus síntomas, especialmente signos como la expectoración de sangre (hemoptisis). Esto es seguido por un examen físico. Los métodos de imagen radiológica son de importancia crítica en el proceso diagnóstico, incluyendo una radiografía de tórax simple y una tomografía computarizada (TC) torácica con contraste. Se realiza una broncoscopia de fibra óptica para un diagnóstico definitivo y, si es necesario, tratamiento. Durante la broncoscopia, un dispositivo flexible con un sistema de cámara óptica en su punta se guía hacia las vías respiratorias para identificar directamente la fuente de la hemorragia. Luego se aplican intervenciones locales, como el lavado con suero fisiológico frío y la inyección de adrenalina, a la fuente de sangrado identificada para controlar la hemorragia.