El objetivo principal del tratamiento de la fisura labial y el paladar hendido es permitir que el niño desarrolle habilidades normales para comer, hablar y oír, al mismo tiempo que logra una apariencia facial natural. El tratamiento para estas afecciones se realiza mediante intervención quirúrgica. Antes de la cirugía, técnicas como el moldeo nasoalveolar (MNA) u otros métodos de moldeo aplicados por pedodontistas pueden reducir el tamaño de la fisura y controlar su ensanchamiento excesivo. Las cirugías de fisura labial se realizan a la edad más temprana posible, típicamente al final del tercer mes, siempre que el desarrollo general del niño y la capacidad de cicatrización de los tejidos sean adecuados, y con el objetivo de dejar una cicatriz mínima. Las cirugías de fisura palatina se realizan idealmente antes de que el niño comience a hablar (generalmente entre los 12 y 18 meses de edad), esperando lo suficiente para no afectar negativamente el desarrollo facial, pero lo suficientemente temprano para abordar los posibles efectos negativos en las funciones del habla. En algunos casos, pueden ser necesarias intervenciones quirúrgicas por etapas, o el tratamiento aún puede ser posible para los niños incluso si el momento ideal ha pasado. Los dos criterios más importantes para la cirugía son que el bebé tenga valores normales de peso y crecimiento apropiados para su edad y desarrollo en la fecha de la operación, y que no haya infecciones activas, especialmente infecciones de las vías respiratorias superiores. Estas operaciones, realizadas bajo anestesia general en un quirófano de hospital, utilizan diversas técnicas y procedimientos quirúrgicos para reparar la fisura labial y palatina, reconstruir las áreas afectadas y prevenir o tratar posibles complicaciones.