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Los brotes de cólera se observan comúnmente en condiciones climáticas cálidas. Este tipo de brotes aumentan particularmente después de desastres naturales (por ejemplo, terremotos, huracanes) debido a los daños en la infraestructura y el deterioro de los sistemas de alcantarillado, lo que provoca una disminución en la calidad del agua. El riesgo de brotes también es alto en regiones con acceso inadecuado a fuentes de agua potable seguras. Además, las áreas densamente pobladas, las zonas de guerra y las geografías afectadas por la hambruna son otras regiones de alto riesgo donde el cólera emerge comúnmente. Partes de África, el sur de Asia y América Latina sirven como ejemplos de tales áreas vulnerables.