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El consumo de incluso un solo hongo venenoso puede llevar a una insuficiencia hepática grave, un coma hepático agudo y, si no se trata, a resultados fatales. Síntomas como náuseas, vómitos, diarrea, fiebre y una pérdida de conciencia que empeora progresivamente pueden aparecer dentro de los primeros días después del consumo. La falta de intervención en esta etapa temprana puede poner en riesgo la vida del paciente. Para los pacientes que no responden al tratamiento médico, el trasplante de hígado puede ser una solución que salva vidas. Durante el procedimiento de trasplante, el hígado, que ha sido afectado por toxinas y ha perdido completamente su función, se extrae y se reemplaza por un hígado sano. Raramente, si las sustancias tóxicas persisten en la sangre, la insuficiencia hepática también puede desarrollarse en el hígado trasplantado. En casos de envenenamiento menos graves que no requieren trasplante de hígado, se pueden administrar tratamientos de apoyo y preventivos, y se puede emplear diálisis si es necesario para limpiar el hígado de toxinas. Durante el proceso de tratamiento, el nivel de conciencia del paciente puede deteriorarse a veces, y los valores sanguíneos pueden ocasionalmente no normalizarse a pesar del tratamiento médico.