El tratamiento de la fiebre tifoidea se basa principalmente en el uso de antibióticos. Los médicos suelen recetar antibióticos como la ciprofloxacina, excepto para pacientes embarazadas. Además de la terapia antibiótica, se recomienda a los pacientes beber abundante agua para mantener el equilibrio de líquidos y prevenir la deshidratación. En casos más graves de fiebre tifoidea, puede ser necesaria la hospitalización.