El peeling de carbono es generalmente un procedimiento indoloro, por lo que típicamente no requiere anestesia antes del tratamiento. El proceso comienza con la aplicación de una fina capa de mascarilla de carbono sobre la piel. Posteriormente, se utiliza un dispositivo láser para apuntar y descomponer suavemente la película de carbono sobre la piel, lo que ayuda a una limpieza profunda y al refinamiento de los poros. Una segunda pasada de láser estimula la producción de colágeno, lo que resulta en una tez más luminosa y suave.

Una sesión típica para el rostro dura aproximadamente de 15 a 20 minutos. Para áreas más grandes como el cuello y el escote, el procedimiento puede durar alrededor de 40 minutos. A menudo se observan mejoras notables después de aproximadamente 3 a 4 sesiones regulares. La duración exacta de la aplicación puede variar según las características individuales de la piel y el área tratada, por lo que se recomienda una consulta con un especialista para obtener información precisa.