Los stents no tienen una vida útil definida. La eficacia y longevidad de un stent dependen en gran medida de la adherencia regular del paciente a la medicación y de sus elecciones de estilo de vida saludables. El uso correcto y constante de los medicamentos post-implantación previene complicaciones potenciales y la reobstrucción, asegurando así que el stent apoye la calidad de vida del paciente.