Las causas de la embolia pulmonar son complejas y pueden surgir de la confluencia de varios factores. Los factores etiológicos clave incluyen el daño al revestimiento interno de los vasos sanguíneos (daño endotelial), el flujo sanguíneo lento (estasis) y una mayor tendencia de la sangre a coagularse (hipercoagulabilidad). Las enfermedades cardiovasculares pueden aumentar significativamente el riesgo de formación de coágulos. Las varices, particularmente observadas en profesiones que requieren estar de pie por períodos prolongados, alteran el flujo sanguíneo en las piernas, elevando así el riesgo de coágulos. Ciertos medicamentos, como los métodos anticonceptivos hormonales, pueden aumentar el potencial de coagulación de la sangre. La inmovilidad prolongada, como la que se observa en pacientes encamados o durante viajes largos que superan las 4 horas, aumenta el riesgo de trombosis venosa profunda (TVP) y, en consecuencia, de embolia pulmonar. Las operaciones quirúrgicas, especialmente las que afectan las regiones abdominales o de las piernas, y las cirugías prolongadas bajo anestesia general, elevan el riesgo de embolia en el período postoperatorio. Las embolias grasas pueden ocurrir después de procedimientos de cirugía estética como la liposucción. En los buceadores de aguas profundas, un ascenso rápido a la superficie puede provocar embolias grasas o aéreas debido a la enfermedad por descompresión. En pacientes con cáncer, particularmente aquellos con cáncer de pulmón y los que reciben quimioterapia, la tendencia de la sangre a coagularse aumenta, lo que eleva el riesgo de embolia pulmonar. Las predisposiciones genéticas, como la deficiencia de proteína C, la mutación del Factor V Leiden y la deficiencia de antitrombina III, pueden aumentar el riesgo de coagulación independientemente de la edad del individuo, preparando así el escenario para la embolia pulmonar. Fumar y la obesidad también son factores de riesgo importantes para la embolia pulmonar.