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Una crisis tiroidea es una afección grave que requiere intervención médica inmediata, manifestándose típicamente con los siguientes síntomas: fiebre de 38°C o más, taquicardia (palpitaciones cardíacas pronunciadas que superan los 140 latidos por minuto), sudoración excesiva, diarrea y vómitos, dolor abdominal severo, irritabilidad o agitación extrema, pérdida de conciencia (síncope) y trastornos del sueño. El diagnóstico se realiza mediante un examen por un endocrinólogo y análisis de sangre. Estos análisis suelen mostrar niveles altos de T3 y T4 y un nivel bajo de la hormona TSH. También puede ser necesario un ultrasonido de tiroides para confirmar el diagnóstico. El primer paso en el tratamiento de las enfermedades tiroideas y la crisis tiroidea es la medicación tiroidea. El uso correcto y regular de estos medicamentos alivia los síntomas del paciente y reduce los efectos de la enfermedad. Tras la terapia farmacológica, se evalúan las opciones de tratamiento con yodo radiactivo o intervención quirúrgica bajo supervisión médica.