Existe una falta general de conocimiento sobre el síndrome de Tourette en la sociedad, lo que lleva a una comprensión incompleta de los síntomas del síndrome y la naturaleza de los tics. Esta falta de información puede causar incertidumbre entre quienes rodean a las personas con tics sobre cómo interactuar con ellos. Un niño con síndrome de Tourette puede enfrentar miradas críticas y comentarios hirientes cuando sus tics aparecen, lo que puede provocar sentimientos de vergüenza y ansiedad. Esta situación puede obligar al niño a explicar constantemente su condición o a lidiar con malentendidos y burlas en cada entorno en el que se encuentre. Si bien los tics pueden suprimirse temporalmente con un esfuerzo consciente, esto es una fuente significativa de malestar para el niño, y un brote de tics más severo y prolongado suele ocurrir inmediatamente después del intento de supresión. Dichas experiencias pueden afectar negativamente la calidad de vida del niño, limitar su participación social y llevar al aislamiento.