Los eosinófilos constituyen típicamente un promedio del 5% de los glóbulos blancos. El recuento absoluto de eosinófilos, que se obtiene multiplicando el porcentaje de eosinófilos por el recuento total de glóbulos blancos, generalmente oscila entre 30 y 350 células por microlitro. Sin embargo, los valores de hasta 500 células por microlitro se consideran ampliamente dentro del rango normal. Un recuento de eosinófilos de 500 o más células por microlitro en la sangre es indicativo de eosinofilia, una condición caracterizada por niveles elevados de eosinófilos. Esta elevación frecuentemente señala una respuesta inmunitaria mejorada y un aumento de la inflamación dentro del cuerpo, a menudo asociada con problemas subyacentes como alergias, enfermedades autoinmunes o ciertos tipos de cáncer. Por el contrario, la eosinopenia, que significa niveles bajos de eosinófilos, se diagnostica cuando el recuento cae por debajo de 30 células por microlitro. Esta reducción puede ser una consecuencia de condiciones que conducen a una producción excesiva de cortisol, como el síndrome de Cushing, o factores como el consumo significativo de alcohol y el estrés intenso.