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Si la calcificación del oído (otosclerosis) no se trata o su tratamiento se retrasa, el riesgo de pérdida auditiva permanente aumenta considerablemente. Esta condición puede causar daños graves en el tímpano y, con el tiempo, la acumulación de calcificaciones en el oído medio puede dañar los huesecillos (martillo, yunque, estribo) responsables de la audición. Este daño interrumpe la transmisión del sonido, lo que lleva a la progresión de la pérdida auditiva.