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Tras una amputación, la reducción del dolor asociado al traumatismo o la cirugía varía típicamente de persona a persona, y generalmente se hace notable en un plazo de una a dos semanas. Una ocurrencia común es el dolor del miembro fantasma; en esta condición, los individuos pueden percibir sus miembros amputados como si aún estuvieran presentes, describiendo una sensación de dolor diferente al dolor típico. Se cree que este fenómeno se debe a las conexiones nerviosas en la médula espinal y el cerebro que 'recuerdan' el miembro perdido, lo que lleva a una sensación convincente de su presencia continua. El dolor del miembro fantasma puede manejarse con medicación. Además, hay apoyo psicológico disponible de psiquiatras y psicólogos para ayudar a las personas a afrontar la angustia psicológica resultante de la pérdida de un miembro.