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Los huesos del pie y las tibias se encuentran entre las áreas del cuerpo más expuestas a cargas y traumatismos. En condiciones normales, los huesos adaptan continuamente su masa y fuerza a las cargas y tensiones que encuentran, asegurando una función adecuada. Esto implica un ciclo continuo de degradación del hueso antiguo (reabsorción) y formación de hueso nuevo y más fuerte. Sin embargo, este proceso de remodelación es un ciclo largo, que suele durar varios meses. Si los huesos se someten a un estrés, una carga o una resistencia excesivos durante un período más corto de lo que permite este ciclo adaptativo, es posible que no puedan remodelarse adecuadamente, lo que lleva al desarrollo de fracturas por estrés.