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El diagnóstico de los desequilibrios electrolíticos generalmente implica análisis de sangre para medir los niveles de electrolitos y análisis de orina. Un electrocardiograma (ECG) puede ser beneficioso, especialmente si se sospechan arritmias cardíacas debido a niveles alterados de potasio. Las estrategias de tratamiento tienen como objetivo abordar la causa subyacente o la condición que lleva al desequilibrio. Dado que el cuerpo no puede producir electrolitos, estos deben obtenerse a través de la ingesta dietética diaria. Dependiendo del desequilibrio específico, el tratamiento puede incluir la administración de suplementos, el ajuste o la interrupción de medicamentos que contribuyen al trastorno, la reposición de líquidos o, por el contrario, la restricción de la ingesta de líquidos. Condiciones como la deshidratación o el golpe de calor a menudo requieren un aumento en la ingesta de electrolitos.