Antes de iniciar un procedimiento de endoscopia, se administra un sedante al paciente para minimizar el reflejo nauseoso y el posible malestar. Se utiliza un protector bucal de plástico para mantener la boca abierta y se aplica un spray anestésico en la parte posterior de la garganta para adormecerla. Luego, el endoscopio se introduce suavemente en la boca. Su médico podría pedirle que trague mientras el endoscopio desciende por su garganta. Podría experimentar una sensación de presión en la garganta, pero generalmente no se siente un dolor significativo. Una vez que el endoscopio ha pasado la garganta, el paciente no podrá hablar, pero podrá emitir sonidos. La endoscopia no obstruye la respiración. Durante el procedimiento, las imágenes se transmiten a una pantalla en la sala de examen. Estas imágenes de su sistema digestivo se graban para su posterior revisión y análisis. Para facilitar una mejor visualización, se puede introducir una ligera presión de aire en el esófago, lo que ayuda a expandir el tracto digestivo. Esto permite que el endoscopio se mueva libremente y facilita el examen de los pliegues del sistema digestivo. Podría sentir una sensación de presión o plenitud debido al aire añadido. Se pueden pasar instrumentos quirúrgicos especiales a través del endoscopio para tomar muestras de tejido (biopsias) o extirpar pólipos. Una vez que el examen ha concluido, el endoscopio se retira suave y lentamente de su boca.