Los desequilibrios electrolíticos pueden surgir debido a diversos factores. Las causas principales incluyen disfunciones de órganos vitales como los riñones, el corazón, el hígado y los pulmones. Las alteraciones en el equilibrio hídrico del cuerpo, es decir, la deshidratación (pérdida de líquidos) o la hiperhidratación (ingesta excesiva de líquidos), son desencadenantes importantes. El uso de ciertos medicamentos como laxantes y diuréticos también puede afectar los niveles de electrolitos. Las actividades físicas también pueden provocar un desequilibrio; el ejercicio extenuante y la exposición a altas temperaturas, en particular, causan una pérdida significativa de agua y sodio a través de una mayor sudoración. Los problemas del sistema digestivo también son un factor; la mala absorción de nutrientes puede impedir que el cuerpo reciba las vitaminas y minerales esenciales, incluso con una dieta saludable. Además, condiciones como la diarrea y los vómitos pueden provocar rápidamente la pérdida de agua y electrolitos, alterando el equilibrio.